Presentación
El cambio climático, de envergadura mundial, asociado al aumento de la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, es uno de los problemas más complejos a los que se enfrenta actualmente la humanidad. Sus impactos, que comienzan solamente a notarse, tendrán efectos negativos sobre los sistemas socio-económicos, la salud y el bienestar social y producirán cambios irreversibles sobre el estado, la composición, la capacidad de recuperación y la productividad de los sistemas naturales.
Aunque el cambio climático se reconoció en 1979 en la “Primera conferencia mundial sobre el clima”, hasta 1992 no se firmó el primer acuerdo internacional (ratificado por 154 países) denominado “Convenio de las Naciones Unidas sobre el cambio climático”.
Tres de los compromisos asumidos en este documento tienen relación directa con las actividades propuestas por SEMCLIMED:
– Educación, sensibilización y formación del público.
– Investigación y observación (evaluar los riesgos).
– Ayuda a los países en vías de desarrollo (ayuda financiera, transferencia de tecnologías y experiencias).
Los esfuerzos para dotar a la comunidad internacional de una herramienta legal que obligara a los países a cumplir con los objetivos concretos de reducción de los gases de efecto invernadero se materializaron con el “Protocolo de Kyoto” (1997).
Los impactos del cambio climático sobre la biodiversidad son incuestionables y los primeros efectos del calentamiento climático ya han causado variaciones en la distribución de especies en muchas regiones del planeta. Sin embargo, no es fácil saber con exactitud cuál será la dimensión de esta amenaza dado que los escenarios exactos para el futuro son aún dudosos, sobre todo a nivel regional y local.
Pero las estimaciones prevén, en el mejor de los casos, una amenaza de extinción del 15 al 37% de las plantas en 2050. Hay serias dudas sobre la capacidad de supervivencia de muchas de ellas. Así, es más previsible que la pérdida de biodiversidad afecte a las zonas más vulnerables: pequeñas islas, costas zonas áridas y semiáridas, zonas de baja altitud, etc. El Convenio anteriormente citado demanda expresamente proteger y rehabilitar las zonas afectadas por la sequía y la desertización, especialmente en África.

Pancratium maritimum L. Litoral rocoso. Foto de Climent Picornell |

Maquia termomediterránea y pre-desértica. Callosa del Segura, Alicante.
Foto de Raquel Herreros |

Efectos del calentamiento del planeta con el efecto consiguiente de desertificación de algunas zonas: sequía del terreno en la isla de Pianosa. Foto de Giordani. |
La cuenca mediterránea es uno de los 25 puntos calientes ('hotspot') de biodiversidad del planeta y una de las zonas de mayor importancia florística en Europa. La poca tolerancia a los cambios medioambientales de la flora de montaña presente en hábitats muy específicos y la fragmentación de éstos hábitats hacen que la amenaza sea más importante. Pero es sobre todo en las islas y la Ribera Sur del Mediterráneo donde esta amenaza es mayor si cabe, ya que si el aumento de la temperatura puede obligar a las plantas a migrar hacia nichos ecológicos más favorables (normalmente hacia zonas más frías), las posibilidades de migración están en estos casos limitadas por el mar y las especies corren el riesgo de estar condenadas a la desaparición.
Los bancos de germoplasma y sus actividades asociadas son los instrumentos más importantes en política de conservación ex situ y en el caso concreto de las plantas vasculares, los bancos de semillas son la última defensa en la batalla contra la extinción masiva como consecuencia del cambio global.
Desgraciadamente el desarrollo de las actividades de conservación en los países de la cuenca mediterránea es muy desigual. A pesar de que disponen de una diversidad y de una riqueza de flora muy grande, estos países tienen deficiencias estructurales y una falta de metodologías de trabajo, lo que genera una falta de protección de las zonas sensibles.
A pesar del número considerable de recientes investigaciones sobre los impactos del cambio climático sobre la biodiversidad, se carece de información y de previsiones específicas sobre la flora mediterránea. Además, estos estudios son muy generales y tienen en cuenta gran parte de los procesos fisiológicos y ecológicos de las plantas, pero sin considerar la importancia relativa de procesos decisivos como son la biología y la ecología reproductiva.
El proyecto SEMCLIMED (SEMilla, CLIma y MEDiterráneo) propone una serie de acciones que tienen por finalidad evaluar los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad de la flora de la cuenca mediterránea, proponer medidas de conservación activa de las especies y los hábitats amenazados y aumentar la conciencia pública sobre la dimensión social y ecológica del proceso de calentamiento del planeta. La necesidad de adoptar medidas regionales y transnacionales para minimizar y retrasar este proceso se pondrá de relieve aprovechando los resultados y las sinergias de trabajo generadas por una red ya establecida (GENMEDOC) que se extiende a nuevas regiones estratégicas del Mediterráneo con el fin de cubrir un total de 12 regiones de 5 estados miembros y 3 países terceros.
Las acciones presentadas incluyen:
1. El estudio y la observación sistemática de la germinación de las semillas sobre un elenco de especies para evaluar los efectos del cambio climático. Varios escenarios serán simulados en laboratorio con el fin de comprender mejor y prever la amenaza que pesa sobre la flora de las regiones implicadas.

Semillas de Phoenix theophrasti. Foto de C.Fournaraki |

Plantule de Phoenix theophrasti. Foto de C.Fournaraki |

Phoenix theophrasti.
Foto de C.Fournaraki |
2. Cooperaciones intensivas con centros del Norte de África, una de las zonas más vulnerables y menos estudiadas de la cuenca mediterránea, para la creación de colecciones ex situ de material genético de las especies amenazadas, con el fin de conservar lotes de semillas en bancos de germoplasma y crear colecciones de planta viva en los Jardines Botánicos. Estas acciones son importantes también sobre otras zonas sensibles, como las islas o las regiones montañosas de transición entre hábitats mediterráneos y eurosiberianos.

Cámara de almacén de semillas.
Institut des Régions Arides.
Laboratoire d’Ecologie Pastorale, Tunisie. |

Dunas costeras (Crucianelion maritimae).
Tavernes de Valldigna, Valencia.
Foto de Raquel Herreros |
3. Un proyecto piloto que incluye distintas acciones demostrativas de restauración de hábitats degradados, de refuerzo de poblaciones amenazadas de extinción o de gestión sostenible de ecosistemas de aprovechamiento humano. El objetivo final consiste en establecer una metodología común de trabajo que pueda ser adoptada por las Administraciones locales y los otros equipos de trabajo.
4. Acciones de divulgación de los efectos negativos del cambio climático sobre los sistemas naturales mediterráneos y sobre la supervivencia de muchas especies de flora sensibles a los cambios de condiciones medioambientales. La producción de materiales de divulgación dirigidos a la sociedad en general y la promoción en los jardines botánicos, frecuentados por la totalidad de los sectores de la sociedad.
5. Intercambiar y desarrollar técnicas innovadoras de conservación ex situ de material genético.
Se realizó una reunión general en Murcia con el fin de establecer el Comité de Pilotage y definir exactamente la metodología y el cronógrama del proyecto. Todos los socios participaron en esta fase coordinada por el Jefe de Fila (CIEF).